Turismo Kintsugi urbano: el arte de reparar las grietas de Buenos Aires
01/07/2026
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Inspirados en una técnica japonesa, grupos de arquitectos y artistas intervienen espacios degradados de la ciudad
El kintsugi es una técnica japonesa para restaurar cerámica, donde una grieta representa una oportunidad. La restauración no solo cambia el aspecto del objeto, sino que le agrega valor. “Ahora el objeto además tiene una historia. Kintsugi urbano extrapola este concepto para enaltecer una grieta en el paisaje urbano a través de la intervención mural, la reparación de objetos y el acto simbólico de transformar esta grieta en un nuevo lugar”, explica la arquitecta Carolina Huffmann, al frente de Urbanismo Vivo junto a Cecilia Ciancio, un equipo que, a través de sus proyectos, busca la conexión entre la ciudadanía y el lugar donde habita.El artista francés conocido como Ememem es considerado el máximo referente del kintsugi urbano, una disciplina que él mismo bautizó como flacking, un término derivado de la palabra francesa flaque (charco). Desde que intervino su primer bache en las calles de Lyon en 2016, este cirujano de las veredas se ha dedicado a rellenar las grietas, pozos y fracturas del asfalto utilizando coloridos mosaicos de cerámica, madera y betún.Experta en desarrollo personal. Mel Robbins explica cómo es su método para lograr cambios profundosA diferencia de las reparaciones municipales tradicionales que buscan homogeneizar y ocultar el deterioro, la obra de Ememem rescata la herencia del kintsugi al iluminar la herida urbana y busca transformar un accidente o un descuido público en una pieza de arte. Su obra se ha convertido en un símbolo de las calles empedradas y las aceras agrietadas de Lyon, pero su arte lúdico de los mosaicos también se puede encontrar en otras ciudades, como París, Madrid, Barcelona y Milán.Si bien el concepto de kintsugi urbano es bastante específico, el porteño de a pie seguramente ya se ha cruzado con algunas intervenciones urbanas que, salvando las diferencias, comparten ese espíritu de “reparación” y “sanación” del espacio público. Como el proyecto Enlace Defensa en el barrio de San Telmo, una intervención localizada en el sector degradado bajo la autopista 25 de Mayo que atraviesa Defensa.“En 2020 llevamos adelante este proyecto participativo que buscó la revitalización del bajo autopista para traer mejores condiciones de seguridad, recreación y conectividad al barrio”, explica Huffmann. Así, el objetivo fue crear una experiencia peatonal más amable a partir de la incorporación de nuevo espacio público, mejorar la continuidad y vitalidad del recorrido a pie desde la Plaza Dorrego hasta el Parque Lezama.Otro proyecto de Urbanismo Vivo realizado en 2023 y llamado Naturaleza a un paso, tuvo como objetivo cambiar la conexión entre las personas, la naturaleza y la infraestructura de Villa Luro. “La propuesta era intervenir la calle y promover la diversidad cultural y actividades educativas, cuya temática principal era la vegetación nativa. Fue una propuesta participativa y educativa, que abordó la temática de biodiverciudad y estuvo atravesada por una perspectiva de género”, recuerda Huffmann.Revalorización patrimonialLa obra del artista plástico Marino Santa María comparte desde hace años la filosofía de “sanar” y revalorizar el espacio público.En ese sentido, el Pasaje Lanín es sin dudas una de las intervenciones de arte público más emblemáticas de Buenos Aires. Ubicado en el corazón de Barracas, entre las calles Brandsen y Suárez, fue transformado por el artista, que tiene su taller en el mismo pasaje. El proyecto comenzó a gestarse en 1999, cuando Santa María decidió llevar sus obras de caballete a las fachadas de su propia cuadra. Tras recibir la aprobación de sus vecinos, la obra fue inaugurada en abril de 2001.Originalmente, los frentes fueron intervenidos con pintura látex de exterior y colores primarios, utilizando formas abstractas, onduladas y geométricas. Sin embargo, debido al desgaste, el artista inició una segunda etapa años después, reemplazando la pintura por mosaico veneciano y azulejos, que hoy definen al pasaje.Ubicado entre las calles Jean Jaurès y Agüero en el Abasto, el Pasaje Zelaya constituye la segunda gran intervención urbana de Marino Santa María. Inaugurado en 2002, el proyecto buscó revitalizar la identidad tanguera del barrio, utilizando el arte como un “pegamento social” para reconstruir la memoria colectiva.Si en la calle Lanín el foco era el color y la abstracción, en Zelaya el eje es la figura de Carlos Gardel. La intervención se despliega a lo largo de dos cuadras y funciona como un museo a cielo abierto que integra retratos del Morocho del Abasto en escalas monumentales; las letras y partituras de tangos icónicos como Mi Buenos Aires querido y Volver están integradas a la arquitectura de las casas. La cronología del tango une el pasado del Mercado del Abasto con los centros culturales y teatros independientes de la zona.Este proyecto fue fundamental para reparar un sector del Abasto que, tras el cierre del mercado en los años 80, había sufrido un marcado deterioro. Al igual que en la técnica del kintsugi, donde las cicatrices se resaltan en oro, Santa María utilizó el arte para destacar la historia del barrio, convirtiendo un pasaje antes olvidado en un hito turístico y patrimonial.
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