

Europa hizo un diagnóstico incómodo de sí misma. En poco tiempo descubrió que dependía demasiado de Estados Unidos para su seguridad, demasiado de Rusia para abastecerse de energía y que cada vez depende más de China para conseguir la tecnología de la transición energética, como los paneles solares y las baterías. Por eso, empuja un acuerdo con el Mercosur.
En esa estrategia de diversificación, la Argentina aparece con un triple potencial: alimentos, energía y minerales.
En los próximos meses, la Unión Europea (UE) debatirá un nuevo presupuesto, el Marco Financiero Plurianual 2028-2034, que comenzará a tratarse en diciembre para votarse en el primer semestre del año próximo.
Mientras tanto, ahora, en Bruselas (capital de Bélgica) se desarrolla la exposición del programa EU Climate Dialogues 2 (EUCD 2), financiado por la Unión Europea, que por primera vez reúne a periodistas de América Latina para tratar temas especializados en clima y energía.
GNL
La última vez que el Parlamento Europeo debatió su presupuesto, tenía una fuerte presencia de legisladores verdes y se compuso con un ambicioso paquete climático. Hoy el objetivo de fondo no cambió -neutralidad de emisiones para 2050-, pero sí la velocidad para llegar: “El presupuesto tiene que ser socialmente aceptado”, repiten en Bruselas, donde reconocen que los ciudadanos todavía sufren la inflación y los altos costos energéticos en sus tarifas, reportó el diario La Nación.
En ese sentido, la Argentina y Brasil son dos puntos que mira Europa. Por eso, entre otras cosas.la estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE) haya firmado el primer contrato de compra de gas natural licuado (GNL) argentino -adquirió el 80% de la capacidad del primer buque de licuefacción de Southern Energy (SESA), con entregas desde 2027- y que la italiana ENI esté tan involucrada en el segundo proyecto exportador, de mayor escala, junto a YPF.
Además, organismos europeos analizan financiar proyectos de cobre y litio en el país, aunque tienen vedado hacerlo con los de combustibles fósiles, como el GNL o el petróleo.
Hay, además, una ventana con fecha concreta. La normativa europea obliga a eliminar gradualmente las compras de gas ruso y, para 2027, no se podrá importar ni una sola molécula del que fue el principal proveedor del bloque. Cada estado miembro debe presentar ante la UE su plan de acción para reemplazarlo. Justo ese año, la Argentina comenzará a exportar GNL: la oportunidad de entrar al mercado europeo en el momento exacto en que se reconfigura.
Bruselas, por su parte, también mira a América Latina con lógica geopolítica: ve cómo China y Estados Unidos avanzan en la región y no se quiere quedar afuera. “Con líderes tan impredecibles, buscamos socios fiables”, dicen en la Comisión. Para la Argentina, que durante décadas quedó al margen del mapa energético global, la combinación de demanda europea, infraestructura en construcción y calendario regulatorio configura una oportunidad que el país no se puede perder.
