

El gobernador Alberto Weretilneck advirtió que la provincia evalúa avanzar con detenciones de personas que provoquen incendios forestales, ya sea por negligencia o de manera intencional. El mensaje llega en medio de una temporada marcada por una sequía histórica, la ausencia de nieve y una humedad prácticamente inexistente.
El mandatario no esquivó el diagnóstico. Dijo que los focos ígneos que se registraron en distintos puntos de la región responden a una combinación peligrosa de factores humanos y condiciones climáticas extremas. “Hemos tenido distintos tipos de focos de incendio: en algunos casos intencionales, en otros por descuido y en otros por negligencia”, describió en diálogo con Voz Radio.
En ese contexto, advirtió que el escenario actual no admite margen de error: la falta de agua caída y de humedad convierte cualquier chispa en una amenaza concreta. “Lo que uno ve verde se transforma automáticamente en fuego”, sintetizó, al tiempo que alertó que, una vez iniciado, “es muy difícil apagarlo”.
Más allá del despliegue de recursos, Weretilneck puso el foco en la responsabilidad social. Remarcó que la prevención no puede recaer únicamente en organismos como el SPLIF, bomberos, fuerzas de seguridad, Parques Nacionales o los municipios. “Necesitamos un poquito más de participación y compromiso de las vecinas y los vecinos”, reclamó. En esa línea, instó a intervenir de forma directa: llamar la atención si se observa a menores jugando con fuego y denunciar fogatas o conductas riesgosas. También pidió a los medios reforzar el mensaje de alerta ante una temporada que calificó como “extremadamente peligrosa”.
El endurecimiento del discurso no es retórico. El gobernador confirmó que, ante la persistencia de conductas irresponsables, el Estado provincial analiza avanzar con sanciones penales más severas. “El próximo paso es la detención por varios días de aquellas personas que estén en esta situación”, afirmó, al explicar que las causas pueden encuadrarse como estrago o derivar en multas, aunque subrayó que la detención aparece como la herramienta central para disuadir.
Weretilneck buscó además bajar el debate a tierra y correrlo del plano abstracto. Insistió en que los incendios no dañan solo al ambiente o a bienes públicos, sino que golpean de lleno a las familias. Habló de viviendas construidas durante toda una vida, de sueños, de pertenencias básicas —autos, bicicletas, colchones, documentación— que pueden perderse en cuestión de minutos. “Estamos hablando de vida”, enfatizó.
La problemática del fuego se entrelaza, además, con una crisis hídrica sin precedentes. El gobernador reconoció que Río Negro atraviesa una sequía histórica, incluso más grave que la registrada durante los 12 años anteriores. El bajo caudal de los cursos de agua es visible, y puso como ejemplo al río Ñireco, cuyo aporte al Nahuel Huapi podría verse seriamente comprometido. En barrios como Pilar I, Pilar II y El Frutillar, que dependen de ese sistema, ya se registraron serios problemas de abastecimiento.
Para sostener el suministro, el gobierno provincial desplegó operativos de emergencia. Personal de ARSA trabaja en nuevas captaciones y maniobras técnicas para reforzar el abastecimiento en la zona alta de Bariloche, mientras que camiones cisterna provenientes de distintos puntos de la provincia distribuyen agua en coordinación con el municipio. Medidas de contingencia que, según admiten puertas adentro, no alcanzarán si el escenario climático no mejora y si la conducta social no acompaña.




